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Violencia de género, violencia machista y ¿violencia intrafamiliar?

Por: Carmen Alemany Panadero

Recientemente estamos asistiendo al crecimiento de una corriente de opinión que cuestiona la existencia de la violencia de género y propone el uso del término “violencia intrafamiliar” en su lugar. En este artículo vamos a ver cuáles serían los términos adecuados para definir la violencia contra la mujer y a fundamentar la existencia de un tipo específico de violencia que sufren las mujeres por el hecho de serlo.

¿Cómo deberíamos llamar a la violencia que sufre la mujer por el hecho de serlo?

En España, la Ley Orgánica 1/2004, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género, la define como: la violencia que, como manifestación de la discriminación, la situación de desigualdad y las relaciones de poder de los hombres sobre las mujeres, se ejerce sobre éstas por parte de quienes sean o hayan sido sus cónyuges o de quienes estén o hayan estado ligados a ellas por relaciones similares de afectividad, aun sin convivencia.

La actual Ley deja fuera de esta definición a aquellas agresiones en las que no ha existido vínculo sentimental. Esto ha generado controversia, ya que muchas mujeres sufren agresiones como manifestación de esas relaciones de poder desiguales entre hombres y mujeres que no se contabilizan como violencia de género, aun teniendo claramente un componente machista. También se podría debatir si el término “de género” es el más adecuado, o debería hablarse de violencia contra la mujer o violencia machista.

La Declaración sobre la Eliminación de la Violencia sobre la Mujer de Naciones Unidas, la denomina violencia sobre la mujer y no violencia de género, y la define como una manifestación de relaciones de poder históricamente desiguales entre el hombre y la mujer, que han conducido a la dominación de la mujer y a la discriminación en su contra por parte del hombre e impedido el adelanto pleno de la mujer, y que es uno de los mecanismos sociales por los que se fuerza a la mujer a una situación de subordinación respecto del hombre. La violencia contra la mujer abarca la violencia física, psíquica y sexual, así como las amenazas, coacciones o privación arbitraria de la libertad.

Naciones Unidas reconoce este tipo específico de violencia sobre la mujer en diversos documentos así como en varias de las Conferencias Mundiales, como la Conferencia Mundial de la Mujer de Beijing.

En este país tenemos mucha tendencia a asociar ideas y conceptos con un determinado partido político (o incluso con una determinada persona), sin investigar mucho más sobre sus orígenes. Y pronto surgen grupos de exaltados arremetiendo contra el concepto mismo, ya que creen que es un invento de “feminazis” que quieren “someter y humillar al hombre”. Pero el concepto de violencia contra la mujer no se inventó en España. En Naciones Unidas no se cuestiona la existencia de un tipo específico de violencia basada en pertenecer al sexo femenino. Violencia que se ejerce tanto dentro como fuera del hogar.

¿Qué es la violencia intrafamiliar?

La violencia intrafamiliar sería la violencia ejercida en el terreno de la convivencia familiar, por parte de uno de los miembros de la unidad familiar contra otro, contra algunos de los demás o contra todos ellos (Mora, 2008).

La violencia intrafamiliar, por tanto, abarca cualquier manifestación de violencia dentro del ámbito familiar (de padres a hijos, de hijos a padres, entre hermanos, hacia una persona mayor, entre otros casos). No afecta a un grupo de población de forma más concreta o específica, sino que es la que se produce entre miembros de la misma familia. Es un término, por tanto, más genérico.

¿Por qué no es adecuado llamar violencia intrafamiliar a la violencia de género?

Recientemente hemos escuchado a portavoces de partidos políticos (y a muchos de sus seguidores) clamar que la violencia de género no existe, con eslóganes como “la violencia no tiene género”.

Sin embargo, los datos muestran una realidad diferente. El número de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex parejas es muy superior al de varones (en el momento de la redacción de este artículo ya alcanza la cifra de 22 mujeres asesinadas en 2023. Estamos hablando de asesinatos. 22 personas asesinadas en 6 meses. 18 niños/as huérfanos). En 2022 fueron asesinadas 49 mujeres. El número de mujeres agredidas sexualmente o sometidas por la fuerza (secuestradas, desaparecidas, violadas o asesinadas) es también muy superior al de los hombres.

Un total de 4.868 varones se encuentran en prisión por violencia de género. Y condenados sin pena de prisión hay 36.161 hombres. Se trata de la tercera tipología delictiva con más presos condenados, después de los delitos contra la propiedad y contra la salud pública, según fuentes de Instituciones Penitenciarias.

Nos encontramos con una serie de elementos muy concretos en este tipo de violencia, que la hacen diferente de otros tipos de violencia. El deseo de ejercer poder sobre la víctima, el deseo de dominación, posesión y anulación de la víctima, el sentimiento de superioridad y el no aceptar una negativa por respuesta. Asesinar a una mujer por considerarla de su propiedad (“es mía y si no es mía no será de ningún otro”) o agredir sexualmente a una mujer que rechaza mantener relaciones sexuales porque el varón considera tener “derecho al sexo” y que la negativa por parte de la mujer constituye algún tipo de “ataque” (recordemos el caso de Nagore Laffage, que fue brutalmente asesinada de una paliza por negarse a tener relaciones sexuales con su agresor) nos da una idea de las motivaciones y dinámicas de poder que subyacen a muchos de estos casos.

Eliminar el término “violencia de género”, salvo que fuera para sustituirlo por otros términos reconocidos internacionalmente que definan este tipo de violencia específica (por ejemplo: violencia contra o sobre la mujer), invisibiliza la violencia específica que sufren las mujeres en España y en todo el mundo. Eliminar de la legislación y de las políticas públicas el concepto mismo de violencia de género, coloca a las mujeres en una situación de indefensión, ya que las normas, actuaciones e instrumentos que pueden funcionar en otros tipos de violencia, no funcionan en los casos de violencia machista, por su especificidad.

Por otro lado, la violencia que sufren las mujeres por el hecho de serlo no se reduce a la violencia dentro del ámbito familiar. Las mujeres sufren violencia dentro y fuera del ámbito familiar. Los ataques de las “manadas”, la sumisión química en contextos de ocio o relacionales, el agredir o matar a una mujer que rechaza mantener relaciones sexuales, las desapariciones forzosas de chicas adolescentes (muy superiores en chicas que en chicos), nos muestran algunos ejemplos de violencia machista que no se produce en el ámbito familiar. Por lo que no solo debería mantenerse el concepto de violencia de género (u otros afines) sino que debería ampliarse a situaciones en que la agresión no la comete la pareja o ex pareja.

¿Está cambiando la opinión pública?

Estamos viviendo una etapa convulsa, en la que la sociedad que se conmocionó con el asesinato de Ana Orantes, que abrió los ojos ante la realidad de la violencia de género, y que apoyaba la protección de las víctimas, está virando hacia posiciones reaccionarias, influida por diversos actores que difunden su misoginia y su odio desde cualquier púlpito al que tengan acceso: mítines políticos, redes sociales, y ahora también, Ayuntamientos, Comunidades Autónomas y otras instituciones públicas.

Se han creado numerosos grupos de opinión en foros y redes sociales, en los que hombres que sienten amenazada su hegemonía difunden su odio ante todo lo que suene a igualdad o protección a las víctimas de violencia de género. Niegan la existencia misma de la violencia de género, recalcan cualquier delito cometido por una mujer mientras que justifican o minimizan los cometidos por varones. Y han encontrado su altavoz perfecto en partidos de extrema derecha como Vox, siendo además jaleados por youtubers e influencers. Este discurso está teniendo influencia en niños/as y adolescentes, al verlo repetido en redes sociales y en su propia familia, de la boca de sus padres y madres. Ya hay adolescentes negando la existencia de la violencia de género, y se ha registrado un aumento en los casos de violencia machista sufrida por chicas adolescentes. En 2022 el número de mujeres víctimas de violencia de género aumentó un 8,3%, hasta 32.644 mujeres (este dato, obtenido del INE, incluye no solamente las que han sido asesinadas sino todas las víctimas de violencia de género reconocidas).

Gráfico: Instituto Nacional de Estadística (INE)

Los fríos datos muestran el repunte en la violencia de género en España en 2022. En 2023 ya sumamos 22 mujeres muertas. Elia, Eva María, Hayate, Belén, Natalia, Elisabeth, Paloma, Caterina, Beatriz, María del Carmen, Anne Marie, Violeta, María Encarnación, Alina, Rabea, María, Arantxa, Lourdes, Paula, Maialen, Ana y Lida son las 22 víctimas mortales confirmadas hasta el 12 de junio de 2023 en España. Desde 2003 han sido asesinadas 1.206 mujeres. Y únicamente estamos contabilizando las asesinadas a manos de su pareja o ex pareja (tal y como recoge la Ley actual), no todas las víctimas de crímenes con componentes machistas. En total, 36.161 hombres han sido condenados por violencia de género en 2022, de los cuales 4.868 cumplen condena de prisión.

Esta relación tampoco contabiliza casos como el de Raquel Díaz, la concejal de Coalición por el Bierzo que quedó parapléjica cuando su pareja, ex concejal del mismo partido, le propinó una brutal paliza y la arrojó por la ventana de la vivienda que compartían. Raquel estuvo en coma, permaneció una larga temporada en la UCI y actualmente reside en un centro asistencial, ya que necesita apoyo para las actividades más básicas. Raquel no ha muerto, y no está contabilizada en las listas de mujeres asesinadas en 2020, sin embargo, su vida nunca será la misma.

Mucho trabajo por hacer

Desde una perspectiva basada en la igualdad entre mujeres y hombres, queda mucho trabajo por hacer. Es imprescindible transmitir las ventajas de una sociedad en que hombres y mujeres tengamos los mismos derechos, contrarrestar los discursos de odio (basados en bulos y en mensajes irracionales), mejorar la sensibilización sobre la violencia específica que sufren las mujeres, aportar datos y cifras reales y rigurosos y darles la difusión adecuada.

La violencia machista es una realidad que no va a desaparecer a corto plazo. Estamos viviendo una etapa de repunte de la misma, como demuestran los datos del INE de 2022, con un aumento del 8,3% de mujeres víctimas y lo estamos viendo en 2023, con meses en los que se producen varios asesinatos (como sucedió en mayo de 2023). Tanto los poderes públicos como los profesionales de lo social debemos hacer públicos los datos reales, desmontar los bulos, condenar firmemente la violencia que sufren las mujeres y exigir que se mantengan los servicios y recursos de atención a las víctimas, que tras los últimos resultados electorales corren peligro de ser suprimidos en algunas Comunidades Autónomas, en las que ya se empieza a invisibilizar la violencia contra la mujer bajo términos como “violencia intrafamiliar”.

Atención a las víctimas

El 016 atiende a las víctimas de violencia de género las 24 horas del día y en 52 idiomas. También el correo electrónico 016-online@iguadad.gob.es. En Whatsapp, se puede escribir al número 600000016.

En Madrid existe el Servicio de Atención a las Víctimas de Violencia de Género (SAVG 24h) que atiende emergencias 24 horas al día, 365 días al año, proporciona orientación a las víctimas y deriva a otros recursos de la Red de Atención a las Víctimas de Violencia de Género. Se puede contactar en el teléfono 900 222 100 o acudir presencialmente (c/ Virgen del Lluc, 101, Madrid). Su correo electrónico es savg24h@madrid.es . El centro es accesible para personas con movilidad reducida y cuenta con servicio de lengua de signos.

En situaciones de emergencia, también se puede llamar al 112 (Emergencias), 091 (Policía Nacional) o al 062 (Guardia Civil). Si no puede llamar, puede recurrir a la aplicación Alertcops, que envía una alerta con su ubicación a las fuerzas de seguridad.

Infografía: Carmen Alemany Panadero

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