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Monoparentalidad femenina: el reto de criar en solitario

La familia monoparental, según la Real Academia Española, es aquella que está compuesta por uno de los progenitores y sus hijos/as. La monoparentalidad ha estado presente a lo largo de la historia, pero es en la actualidad cuando ha adquirido mayor relevancia. En el 2021, según el Instituto de las Mujeres, casi dos millones de los hogares eran monoparentales donde el 80,7% eran de jefatura femenina.

La literatura ha identificado diversos factores que pueden causar la monoparentalidad (Iglesias de Ussel, 1988, 1998 citado en Férnandez-Martínez et al., 2020):

  • La viudedad: anteriormente, era la causa principal de que una familia se convirtiera en monoparental.
  • La ruptura conyugal: es actualmente la más común en el grupo de mujeres siendo el 40,56% de las causas. En esta se incluiría el divorcio, la separación legal o de hecho, y el abandono del núcleo familiar por parte de uno de los miembros de la pareja.
  • La maternidad en solitario: ya sea elegida, como en los casos de adopción o sobrevenida, o sobrevenida como sucede cuando una mujer se queda embarazada y la pareja se desentiende del cuidado del hijo, o cuando una mujer es víctima de violencia de género.
  • Las causas sociales que obligan a la pareja a vivir separada: la encarcelación, emigración y hospitalización prolongada de uno de los miembros de la pareja.

Las mujeres monomarentales se enfrentan a una serie de dificultades y necesidades significativas. En primer lugar, existe una necesidad socioeconómica urgente. Estas mujeres suelen llevar un estilo de vida más bajo, ya que la crianza de los hijos/as conlleva gastos fijos que recaen completamente en la única progenitora. Según un estudio de Save de Children (Sastre, 2015) se ha comprobado que más de la mitad de estas madres carecen de empleo, mientras que muchas otras se encuentran trabajando en condiciones precarias o inestables. Sin duda, esto genera una serie de problemas para cubrir las necesidades básicas, ya que no cuentan con ingresos estables ni mínimos, lo que las coloca en un mayor riesgo de caer en la pobreza (Fernández-Martínez y Avilés-Hernández, 2020).

Por otra parte, contar con una red de apoyo ayuda a las familias a poder conciliar entre la vida familiar y la vida personal. Según el estudio de Save the Children (Sastre, 2015), el 36,9% de las madres monomarentales no tienen a una persona que pueda ayudarles en el momento en el que les surge un problema. Por lo tanto, tener una red de apoyo repercute en el bienestar tanto de la madre como de los/las hijos/as.

En lo referente al área psicosocial, es frecuente que las madres monomarentales experimenten dificultades emocionales, especialmente al inicio de la crianza en solitario mientras se están adaptando a la nueva situación. La sintomatología más común es estrés, ansiedad, depresión y en una menor medida fragilidad emocional y alteraciones del sueño o de la alimentación (Morgado, González y Jiménez, 2003 citado en Fernández-Martínez y Avilés-Hernández, 2020). La sobrecarga de responsabilidades relacionadas con la crianza lleva a que dediquen todo su tiempo a estas, descuidando su propio bienestar.

A lo largo de su vida, las mujeres han observado cómo otras mujeres priorizaban el cuidado de los demás sobre el cuidado personal. Esta dinámica está especialmente arraigada en las madres monomarentales, quienes encuentran difícil dedicarse tiempo y atención sin sentirse culpables. Para las madres monomarentales esto puede parecer algo lejos de alcanzar por las dificultades para conciliar el tiempo. Sin embargo, es importante entender que el autocuidado no siempre implica grandes gestos, sino también pequeñas acciones cotidianas como hacer deporte, mantener una alimentación saludable, leer, escuchar música, entre otros. Estas actividades son fundamentales para su bienestar y merecen ser priorizadas.

En conclusión, la creciente prevalencia de familias monoparentales con jefatura femenina, señala la urgencia de abordar los desafíos económicos y psicosociales a los que se enfrentan. La falta de estabilidad laboral, las dificultades de conciliación y de apoyo social, aumentan la vulnerabilidad de estas madres, impactando en su bienestar emocional y en la calidad de vida familiar. Es esencial implementar políticas que promuevan la igualdad de oportunidades y trabajar con las mujeres para poder fortalecer las redes de apoyo, mientras se fomenta la conciencia sobre la importancia del autocuidado.

Este artículo ha sido desarrollado en el marco del Centro de Atención Integral a Mujeres Inmigrantes y Víctimas de VIolencia de Género, financiado por Vicepresidència Segona i Conselleria de Serveis Socials, Igualtat i Habitatge, con cargo al tramo autonómico de la asignación tributaria del 0,7% del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.

El contenido de la publicación es de autoría y responsabilidad exclusiva de la Asociación Por Ti Mujer y no refleja, necesariamente, la postura de la GVA.

Autora: Itziar Paiz, psicóloga en prácticas del Máster de Intervención Psicológica en Ámbitos Sociales.
centrodeatencion@asociacionportimujer.org

Referencias:
Fernández-Martínez, C. M., & Avilés-Hernández, M. (2020). Análisis de necesidades en familias monoparentales con jefatura femenina usuarias de servicios sociales de atención primaria en España. Prospectiva, (30), 145-173.

Sastre, A. (2015). Más solas que nunca. La pobreza infantil en familias monomarentales. Madrid: Save the children.

Fernández-Martínez, C.M. y Avilés-Hernández, M. (2020). Trabajo social con familias monomarentales: valoración profesional de sus necesidades desde los servicios sociales de atención primaria. Trabajo Social Global – Global Social Work, 10(19), 281-303.

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